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La Matata!

Sabiduría en un minuto!

 

       

» ¿Castigo de Amor?

Por Manuel Mejía


En cierta ocasión, un niño entró al hermoso jardín de su vecina y al contemplar las bellas flores y plantas dejó volar su fértil imaginación. En seguida se convirtió en un explorador en medio de la densa selva amazónica y con “su afilado machete” una pequeña vara comenzó a abrirse paso entre el follaje y golpeando sin cesar a su alrededor convirtió aquel hermoso vergel en un monumento al desastre.

Cuando su padre recibió las quejas de la indignada jardinera; ordenó a su hijo recoger el tiradero de macetas, ramas y flores maltrechas; Luego lo obligo a repetir una humilde disculpa y después lo comprometió a ayudar a la dueña del jardín en la restauración del mismo hasta que fuese necesario.

Al cabo de unos días el pequeño regresó de su faena en el patio de la vecina, sucio, cansado y herido en su amor propio, le reprochó enérgicamente a su padre su falta de afecto: _ ¡Tú no me quieres papá!, si me quisieras no me castigarías de ésta manera.

A lo que el padre respondió de manera paciente: _“Si no te quisiera, no te castigaría”_. El niño, con un gesto sincero dejó muy clara su confusión. Cuando el Padre lo miró se conmovió mucho y le explicó con tono tierno: _ Hijito, si no te diera este castigo, jamás aprenderías a valorar el trabajo duro y la belleza de la vida. Esa pobre mujer trabajó arduamente por varios meses para crear ese jardín, las plantas lucharon para crecer, fructificar y poder vivir en un lugar muy pequeño y con poca luz, y tú en tan sólo un momento lo convertiste en una desgracia. No solo acabaste con el lugar, también con todo el trabajo de la señora y la vida de esas hermosas plantas.

No había terminado el padre su argumento cuando el niño soltó a llorar, abrazó a su padre y le dijo: _ ¡Papá, no lo sabía! ¡Ni siquiera me daba cuenta del mal que ocasionaba!_. El Padre lo miró conteniendo sus lágrimas y le dijo: _Ahora lo sabes, gracias al castigo que te di_.

Muchas veces pensamos que Dios nos castiga en exceso, ¿por qué tenemos que pagar con tan duras consecuencias por nuestras equivocaciones? Mientras que vemos a nuestro alrededor y miramos como hay individuos que van por la vida haciendo y deshaciendo aparentemente sin sufrir ninguna reprensión, al contrario pareciera que son premiados por todo lo que hacen. Pero nosotros, más tardamos en poner un pie fuera del camino que en recibir el respectivo porrazo.

La palabra de Dios nos enseña en Hebreos 12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.

Esto significa que aun el castigo divino tiene un propósito para los que Dios ama; Él quiere enseñarnos y la reprensión es muchas veces el medio más eficaz para aprender una lección. Recibamos con dignidad la corrección de nuestro Padre celestial, al final, los beneficiados seremos nosotros al comprender el propósito del castigo.

La próxima vez que sientas que estas siendo castigado, abre bien los ojos y los oídos para que puedas comprender la lección y aprender de ella, no sea que recibas el castigo y no aprendas nada en el proceso. Como diría mi directora de primaria: "O aprendes rápido a hacer bien las cosas, o te encebas el lomo para aprender despacio". DX